Pensamiento Mensual – Alabanza

Si la tristeza te acecha, si te ofenden, si te quedas sin trabajo, si tu hogar se tambalea, si el desánimo te está rondando, si la enfermedad quiere minar tus fuerzas físicas o las de un ser querido, si nadie te comprende, si te encuentras en el valle de la decisión, … entra por la puerta que te va a conducir a la Victoria … La ALABANZA … ALABA a tu Dios y no mires a las circunstancias. No importa cuán difícil parezca el panorama de tu entorno … Dios es más grande que tu problema. ¡Gózate en Él, confía y espera! "Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de Jesucristo, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre." Hebreos 13:15

 

  • Alaba. oh alma mía, a Jehová. Alabaré a Jehová en mi vida; cantaré salmos a mi Dios mientras viva. SALMO 146:1-2
  • Sacrifica a Dios alabanza, y paga tus votos al Altísimo; e invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás. El que sacrifica alabanza me honrará; y al que ordenare su camino, le mostraré la salvación de Dios. SALMO 50:14-15,23
  • ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: Sí; nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza? MATEO 21:1
  • Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de El, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. HEBREOS 13:15

Pensamiento Mensual – Humildad

Es el humilde quien siempre estará en la mejor posición de ganar el favor y las bendiciones del Señor. Dios bendice al humilde pero al altivo lo mira de lejos; resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Huyamos de la soberbia, la altanería, el orgullo y todo lo que esté relacionado con esto, si queremos ser beneficiados con la bendición divina. "¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se ensoñereen de mí; entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión." Salmo 19:13. Esta debe ser nuestra oración a Dios cada día para agradarle manteniendo nuestra relación de amistad con Él en las mejores condiciones. Imitemos al Señor, quien no se aferró a ser como Dios sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y humillándose a sí mismo, se hizo obediente hasta la muerte. Por lo cual Dios le exaltó hasta lo sumo dándole un Nombre que es sobre todo nombre. "Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que El os exalte cuando fuere tiempo." 1Pedro 5:6

  • Alaben su nombre con danza; con pandero y arpa a El canten. Porque Jehová tiene contentamiento en su pueblo; hermoseará a los humildes con la salvación. SALMO 149:3-4

  • El temor de Jehová es enseñanza de sabiduría; y a la honra precede la humildad. PROVERBIOS 15:33

  • Llevad mi yugo sobre vosotros,y aprended de Mí,que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. MATEO 11:29

  • Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. MATEO.5:3

Pensamiento Mensual – Palabra de Dios

  • Lámpara es a mis pies tu Palabra, y lumbrera a mi camino. SALMO 119:105

  • El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida. JUAN 6:63

  • Santifícalos en tu verdad; tu Palabra es verdad. JUAN 17:17

  • Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. HEBREOS 4:12

Pensamiento Mensual – Amor

  • Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. JEREMÍAS 31:3
  • Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. JUAN 3:16

  • En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sin en que El nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. 1JUAN 4:

  • Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado. 1Juan 3:23

Los ministerios epistolares de Pablo, Pedro y Juan (semana 17)

Los ministerios epistolares de Pablo, Pedro y Juan (semana 17)
Lunes
Lectura bíblica: Ap 11:15; 1 Co 10:11; 2 Co 1:21; 2 Ti 4:5
Leer con oración:
"Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí" (ls 6:8).
¿CON QUIÉN PUEDE CONTAR DIOS EN ESTA ERA?
Esta serie del Alimento Diario -"El ministerio del apóstol Juan en su madurez"- es una continuación de la serie anterior: "Entrar en el reino de los cielos para ganar el galardón". En los dos tomos anteriores, vimos al respecto de varios ministros, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, y las lecciones que podemos extraer de sus experiencias.
Después de ser salvos, Dios nos puso en la iglesia con el propósito de que neguemos nuestra vida del alma para crecer en vida. Además, con respecto a la obra, Dios desea que ejerzamos nuestro ministerio y tengamos experiencias en desempeñar la comisión que recibimos de Él.
Dios no desea que seamos sólo hermanos que disfrutan de la salvación; Su deseo es que tengamos un ministerio, una comisión para llevar adelante Su economía, Su plan eterno, pues los reinos de este mundo vendrán a ser de nuestro Señor y de Su Cristo, y Él necesitará de aquellos que crecieron en vida y fueron perfeccionados en la obra para gobernar a esos reinos juntamente con el Señor (Ap 5:9-10; 11:15).
Así como Aarón, el sumo sacerdote y los reyes, debieron ser ungidos al comenzar la incumbencia para la cual fueron llamados por el Señor, eso también debe suceder con nosotros. Frente a esto, vemos con temor que no estamos en la vida de la iglesia simplemente para obtener un disfrute personal, sino para cumplir la comisión que recibimos de Dios, y así ejecutar Su voluntad.
Las experiencias de los ministros del pasado sirven como espejo para nosotros tanto en sus aspectos positivos, en el desempeño de sus comisiones, como en los aspectos negativos, cuando debido a sus fallas, Dios les quitó la incumbencia dada: "Y estas cosas (…) están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos" (1 Co 10: 11) .
Somos bienaventurados por tener todas estas experiencias como un espejo delante de nosotros. El hecho de que hayan sido escritas muestra el gran amor de Dios para con nosotros y nos sirven para despertamos a fin de que seamos aquellos con los que el Señor puede contar en esta era. Que seamos fieles en cumplir cabalmente el ministerio que nos fue entregado (2 Ti 4:5).
Punto clave: ¿Podrá Dios contar con usted en esta era?
Pregunta: Para cumplir Su propósito, Dios contó con varios ministros del pasado ¿Podrá Él contar con usted en esta era?

Martes
¬Lectura bíblica: 1 Co 12:2-3,5; 16:15; Ef 4:7; 1 Ti 1:12
Leer con oración:
“A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo" (Ef 4:12).
LA PALABRA, EL SERVICIO Y LAS OFRENDAS
El ministerio, en su aspecto general, significa el servicio confiado a nosotros para la edificación de la iglesia (Ef 4: 12); en su aspecto personal, es la comisión que el Señor encarga a cada uno de nosotros, para realizar Su voluntad (1 Ti 1:12). Antiguamente, pensábamos que sólo determinados hermanos recibían un ministerio, pero de acuerdo con la palabra de Dios, vemos que el Señor concedió ministerios a cada uno de nosotros, los miembros de Su Cuerpo (1 Co 12:5).
En nuestra experiencia, hemos enfatizado tres aspectos del ministerio que tiene como meta la edificación de la iglesia. El primero es el ministerio de la Palabra. Cuando nos convertimos al Señor y llegamos a ser hijos de Dios, es decir, cuando fuimos salvos en nuestro espíritu, el Espíritu Santo nos dio el don de hablar por Dios.
Antes éramos mudos para las cosas espirituales, pero después que fuimos salvos e invocamos el nombre del Señor, comenzamos a orar, a hablar por Dios, a profetizar y a predicar el evangelio (vs. 2-3). Si ejercitamos este don, recibiremos más gracia de parte de Dios.
El segundo aspecto es el ministerio de las ofrendas de riquezas materiales. Después que nos convertimos al Señor, espontáneamente deseamos consagramos a Él, y en consecuencia, surge en nosotros el deseo de ofrendar nuestros bienes.
En el Antiguo Testamento, los fariseos ofrendaban el diezmo, pero en el Nuevo Testamento, nuestra justicia debe ser mayor a la de los escribas y fariseos (Mt 5:20; Le 18:11-12). En la práctica, esto significa que cuando nos damos cuenta de las necesidades de la iglesia o de la obra del Señor, o cuando vemos a algún hermano en dificultades económicas, surge en nuestro corazón el deseo de ofrendar una cantidad aparte del diezmo (2 Co 8:4). Cuando atendemos este deseo, la gracia de Dios nos alcanza. Por practicar así continuamente, nuestro don se convertirá en un ministerio de riquezas materiales. ¡Alabado sea el Señor!
El tercer aspecto es el ministerio de los servicios. Cuando servimos a los hermanos, estamos sirviendo al Señor, por eso recibimos más gracia (1 Co 16:15). Aquellos que sirven al Señor deben hacerla en el espíritu, porque así reciben más y más gracia, y poco a poco ese don se convierte en un ministerio de los servicios. Ya sea que sirvamos en la obra del Señor, en la propagación del evangelio, o en la iglesia en nuestra ciudad, con el paso del tiempo ese servicio se convertirá para nosotros en una comisión del Señor.
Punto clave: Practicar los tres aspectos del ministerio. Su punto clave:
Pregunta: ¿Cómo transformar un don en un ministerio?

Miercoles
Lectura bíblica: Hch 8:1; 9:15,21; Gá 1:17; 1 Co 1:2; 2 Ti 2:22
Leer con oración:
"Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan" (Ro 10:12).
LA IMPORTANCIA DE INVOCAR EL NOMBRE DEL SEÑOR
El Señor estableció a doce apóstoles y les confió un ministerio, una comisión especial: ser Sus testigos tanto en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra (Hch 1:8, 17, 25). Ellos presenciaron todos los acontecimientos ocurridos en Jerusalén y participaron de ellos, conforme a lo narrado en los capítulos 1 y 2 de Hechos, cuando por medio de invocar el nombre del Señor se convirtieron muchos (2:21,41).
Sin embargo, cuando llegamos al capítulo 8 de Hechos, vemos que con la muerte de Esteban "hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de J udea y de Samaria, salvo los apóstoles" (v. 1). Es muy difícil decir el porqué ellos permanecieron en Jerusalén. Pero es intrigante pensar que, para no ser arrestados por los judíos, posiblemente tuvieron que dejar de invocar el nombre del Señor públicamente.
Como ya vimos anteriormente, el Señor da mucha importancia a la práctica de invocar Su nombre. Por eso Él escogió a Saulo como un instrumento para llevar Su nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel (9: 15). Él era un opositor que había causado muchos males a los santos y era conocido como aquel que "asolaba en Jerusalén a los que invocaban este nombre" (v. 21). No obstante, el Señor se le apareció a Saulo, llamándolo personalmente cuando iba camino a Damasco, con la finalidad de prender a todos los que invocaban Su nombre allí.
A partir de Damasco, la historia de Pablo cambió radicalmente: antes fue un perseguidor de aquellos que invocaban el nombre del Señor; después, se convirtió en un predicador que llevaba a otros a invocar el nombre del Señor (1 Co 1:2; 2 Ti 2:22). A diferencia de lo que ocurrió con otros líderes judíos convertidos, Pablo cooperó con el propósito de Dios, fue útil y permitió Su trabaja en él en favor de Sus intereses.
Después que Pablo fue bautizado por Ananías, permaneció en Damasco sirviendo en la iglesia. De acuerdo con lo que escribió en Gálatas 1: 17, él estuvo en el desierto de Arabia y después volvió a Damasco. Posiblemente fue en el periodo en que estuvo en Arabia que Pablo obtuvo las visiones y revelaciones mencionadas por él en 2 Corintios 12:1-4.
Así como el Señor le habló a Moisés, comisionándolo a sacar al pueblo de Israel de Egipto y practicar la economía del Antiguo Testamento, también llamó a Pablo y le reveló la economía del Nuevo Testamento, que fue escrita en forma de epístolas, que posteriormente fueron enviadas a las iglesias.
Las palabras que Pablo predicaba provenían de la revelación celestial que había recibido del Señor. En la Epístola a los Gálatas, nos muestra que él es un siervo y que su apostolado no provenía de los hombres, pues él no había sido enviado por hombres, sino por Dios. Su predicación del evangelio no era el resultado de un entrenamiento recibido en Jerusalén, sino de la comisión recibida de Dios, que reveló a Su Hijo en él.
Pablo fue fiel al llamamiento y a la visión que recibió del Señor. Puesto que experimentó cuán importante es invocar el nombre del Señor, escribió: "Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo" (Ro 10:12-13).
Punto clave: Invocar el nombre del Señor nos hace disfrutar de las riquezas de Dios.
Pregunta: ¿Ha practicado el invocar el nombre del Señor?

Jueves
Lectura bíblica: Hch 9:26-30; 11 :22-26; 13: 1-2; 15: 1-5, 19-22, 34
Leer con oración:
"¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?" (Gá 3:3)

EL PRIMER VIAJE DE PABLO Y LA DECISIÓN DE HECHOS 15
Después de Damasco, Saulo se fue a Jerusalén y allí predicaba con denuedo en el nombre del Señor (Hch 9:16, 26-29). Lamentablemente, él también discutía mucho con las personas, y por ello, procuraron matarle. Por causa de eso, los hermanos decidieron enviarlo a Tarso, donde permaneció hasta que Bernabé fue a buscarlo a Antioquía (vs. 29-30; 11:25-26).
La Biblia registra que, cuando Pablo estaba en Antioquía sirviendo al Señor con otros profetas y maestros, el Espíritu Santo lo apartó y lo envió, juntamente con Bernabé, para realizar la obra para la cual fueron llamados (13: 1- 2). En su primer viaje, recorrieron la región de Galácia, Iconio, Listra, Derbe, predicando el evangelio y levantando iglesias. Al volver, pasaron de nuevo por esas ciudades y constituyeron ancianos en cada ciudad donde las iglesias ya habían sido levantadas (14: 21- 23).
De regreso a Antioquía, Pablo y Bernabé fueron sorprendidos por hermanos provenientes de Judea que enseñaban que, para ser salvos debían ser circuncidados (15: 1). Esto causó problemas a los hermanos que se
habían convertido de entre los gentiles. Preocupados por tales acontecimientos, Pablo, Bernabé y otros hermanos fueron a Jerusalén para tratar este asunto con los apóstoles y ancianos (Hch 15:2).
Después de tener comunión con los que guardaban la ley al respecto de las cargas que estaban siendo impuestas sobre los gentiles que habían creído, Jacobo determinó finalmente, que los gentiles no se preocuparan por guardar toda la ley de Moisés, ya que la predicación del evangelio hecha por Pedro, en la casa de Cornelio, también les había abierto la puerta de la salvación. No obstante, para que los cristianos judíos recibieran en la iglesia a los cristianos gentiles, éstos debían apartarse de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre (vs. 20-21). En otras palabras, los gentiles sólo serían aceptados en la comunión si guardaban estos preceptos del Antiguo Testamento expuestos en la carta que les fue enviada por la iglesia en Jerusalén.
La lección que extraemos de este episodio es que el recibimiento a los hermanos en la iglesia no debe ser según nuestras preferencias u opiniones, mucho menos por prácticas según la ley, sino según la fe común que les fue dada a los que creyeron (J ud 3). Este principio de recibirnos los unos a los otros fúe presentado por Pablo, cuando dijo a los romanos que debían recibir en amor, a todos a quienes Cristo recibió (Ro 14:1-3; 15:7), salvo a aquellos que causan división (16: 17), de los cuales debemos apartarnos.
Volviendo a Hechos 15, la responsabilidad de comunicar a los gentiles que ellos debían guardar los preceptos de la ley, conforme a la decisión de los ancianos y los apóstoles, le correspondió a dos hermanos líderes de la iglesia en Jerusalén: Judas y Silas. Después de cumplir con su misión, ellos debían regresar a Jerusalén; sin embargo, sólo volvió Judas. Silas permaneció en Antioquía.
Posiblemente, Silas percibió que en la iglesia en Jerusalén las decisiones eran tomadas según la voluntad del hombre, y no según la dirección del Espíritu; además, que lo allí prevalecía eran las determinaciones de los de la secta de los fariseos, y no lo que los apóstoles decían (v. 5).
Silas ocupaba una posición destacada en Jerusalén, pues era un principal entre los hermanos allí (v. 22). Podemos inferir que su posición era superior a la de Bernabé, que también había servido a la iglesia en Jerusalén antes de ser enviado a Antioquía. A los ojos de los hermanos de Jerusalén, Pablo estaba en una posición aun más inferior a la de Bernabé, pues había sido él quien lo había introducido en la comunión con los hermanos (9:26-27). Así pues, pese a que Silas tenía una posición relativamente superior a la de Pablo y Bernabé, le pareció bien el quedarse en Antioquía (15 :34). Puesto que vio el testimonio de aquellos que eran guiados por el Espíritu, Silas tuvo el deseo de permanecer allí.
Punto clave: Recibir a los hermanos según Cristo y seguir al Espíritu.
Su punto clave:
Pregunta: ¿Qué diferencia había entre la iglesia en Jerusalén y Antioquía al conducir asuntos difíciles?

Viernes
Lectura bíblica: Hch 15:34, 40-41,16:1-10
Leer con oración:
"Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento" (2 Ca 2:14).
EL SEGUNDO VIAJE DE PABLO
En los preparativos del segundo viaje de Pablo, hubo un problema entre él y Bernabé. Pablo aún tenía una personalidad muy fuerte y se rehusó a dar una segunda oportunidad a Marcos, que los había dejado desde Panfilia, durante el primer viaje, y no los había acompañado a la obra (Hch 15:38). Sin embargo, Bernabé, era un hombre bueno (11: 24) y tal vez por eso no quería dejar de llevar al joven Marcos consigo. Por no estar de acuerdo con ese asunto, Pablo y Bernabé se separaron.
Entonces, Pablo escogió a Silas para que lo acompañara en el segundo viaje, y éste, poniéndose bajo el arreglo soberano de Dios, se sometió a Pablo. Silas era uno de los líderes de la iglesia en Jerusalén, una persona muy espiritual. A él no le importó la posición que tenía y decidió acompañar a Pablo, esto indica que para él lo más importante era seguir al Espíritu y colaborar con Su enviado.
Esta debe ser una importante lección para nosotros. No debemos ambicionar tener una posición destacada entre los hermanos, sino pagar el precio necesario para seguir al Espíritu, dando al Señor la libertad para guiamos, sometiéndonos a Su arreglo.
En su segundo viaje, Pablo ejerció su ministerio según el Espíritu, y Silas lo siguió. Ellos pasaron por Siria y Cilicia, confirmando a las iglesias. Luego fueron a Derbe, Listra e Iconio, y día tras día fortalecían a las iglesias en la fe.
Cuando terminaban de hacer la obra en un lugar, seguían la dirección del Espíritu. Cuando quisieron ir a la región de Asia, el Espíritu Santo no lo permitió, y ellos no insistieron en proseguir; sólo obedecieron a la orden del Espíritu Santo (16:6).
Después decidieron ir a Bitinia, que quedaba más al norte, pero la Biblia nos muestra que el Espíritu de Jesús no se lo permitió y Pablo se sometió (v. 7). Ellos fueron al oeste, a Troas, y allí recibieron el llamado en una visión de un varón macedonia que decía: "Pasa a Macedonia y ayúdanos" (v. 9). Ellos oyeron el llamamiento del Espíritu y entendiendo que Dios los había comisionado para anunciar el evangelio allí, intentaron partir inmediatamente.
El segundo viaje de Pablo fue lleno de gloria. En la región de Macedonia, la iglesia en Filipos y la iglesia en Tesalónica fueron engendradas. En esas iglesias los hermanos amaban al Señor a tal punto de que algunos incluso fueron martirizados. Puesto que fueron guiados por el Espíritu, ese viaje fue victorioso y glorioso.
Punto clave: Seguir el mover del Espíritu Santo.
Pregunta: ¿Ha sido guiado por el Espíritu Santo?

Sabado
Lectura bíblica: Hch 16: 13-29, 17: 1-9; 2 TI 4: 13-18; 1 Ca 15:53-54
Leer con oración:
"El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu" (Jn 3:8).
SENSIBLES A LA DIRECCIÓN DEL ESPÍRITU
Como vimos ayer, en su segundo viaje, Pablo y Silas no hicieron su voluntad personal, sino que siguieron la voluntad del Espíritu.
Al llegar a Filipos, una ciudad de Macedonia, después de algunos días, se dirigieron a la orilla del río, donde les pareció que había un lugar de oración; en aquel lugar había algunas mujeres reunidas, a las cuales Pablo y Silas anunciaron el evangelio (Hch 16: 12-15).
Más adelante, por causa de un incidente ocurrido con una joven poseída por un espíritu de adivinación, Pablo y Silas fueron presos. Sin embargo, a la medianoche, mientras cantaban himnos, oraban y alababan al Señor, repentinamente sobrevino un terremoto que sacudió los cimientos de la prisión yse soltaron todas las cadenas. Cuando el carcelero despertó del sueño, quiso acabar con su vida, pues vio que todas las puertas de la cárcel estaban abiertas; él se desesperó, pensando que los presos habían huido. Pablo lo tranquilizó diciendo que todos estaban allí.
Entonces el carcelero, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; y sacándolos, les dijo: "Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?" Ellos le dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa" (vs. 30-32). Todos fueron bautizados en aquella misma hora. Esa fue la obra gloriosa del Espíritu Santo en la ciudad de Filipos.
Después, Pablo y Silas se fueron a Tesalónica, donde la iglesia había surgido bajo una gran persecución. Algunos hermanos habían sido perseguidos y martirizados, yeso causó una gran tristeza a la iglesia. Pablo los consoló, como vemos en 1 Tesalonicenses 3: 1-4, diciéndoles que la vida que recibimos es eterna. Por eso, cuando somos salvos por el Señor, no morimos, sino que dormimos, pues esperamos la resurrección que ocurrirá en la segunda venida del Señor (4:13-18).
Posteriormente, Pablo se fue a la región de Acaya. Allí y en todo lugar por donde pasó, las iglesias que Pablo establecía, incluyendo a la iglesia en Corinto, estaban compuestas por los santificados en Cristo Jesús, por los que invocaban el nombre del Señor (1: 1- 2).
En esa región, con la llegada de Silas y Timoteo, Pablo pudo entregarse por completo a la predicación de la Palabra (Hch 18:5). Su experiencia en Corinto también fue gloriosa, culminó con la conversión de Crispo y toda su casa, también con la de muchos corintios que creyeron y fueron bautizados (v. 8).
Punto clave: Ser conducidos por el Espíritu Santo.
Pregunta: ¿Usted percibe que cuando es guiado por el Espíritu el resultado es vida?

Domingo
Lectura bíblica: Hch 18:18-19,22; Gá 1:1,15-17
Leer con oración:
"Mirad, pues, que hagáis como lehová vuestro Dios os ha mandado; no os apartéis a diestra ni a siniestra" (Dt 5:32).
EL FINAL DEL SEGUNDO VIAJE Y EL PASO POR JERUSALÉN
El segundo viaje de Pablo estuvo lleno de experiencias gloriosas, porque él seguía al Espíritu. En ese viaje, recibió el llamado de Macedonia, y también fue a Europa, a Acaya. El resultado de su labor en el Señor en aquella región fue que las iglesias establecidas llegaron a ser bastante normales.
Por ejemplo, en la iglesia en Corinto, él llevó a los hermanos al Espíritu. Cuando escribió a la iglesia en Corinto, quedó evidenciado que ellos invocaban el nombre del Señor (1 Co 1:2). Vemos a través de las epístolas escritas a esa iglesia que, aun siendo dañada por varias situaciones carnales, más tarde, después de ser corregidos por el apóstol, los hermanos volvieron al Espíritu y se arrepintieron.
Estando en Corinto, Pablo conoció al matrimonio de Aquila y Priscila, los cuales, posteriormente, se convirtieron en sus colaboradores (Hch 18: 1- 2). La experiencia de Pablo en esa ciudad no consistió en dar muchas enseñanzas, sino en predicar el evangelio a los judíos, alentándolos y reforzando la importancia de invocar el nombre del Señor para crecer en vida (1 Co 12:3; 13:11; 14:20).
Pablo y Silas tenían una comisión que provenía de Dios -un ministerio controlado por el Espíritu Santo¬y por obedecer al Espíritu, tuvieron la bendición. Lo mismo sucede con nosotros; si no obedecemos al Espíritu, no tendremos Su bendición.
Cuando Pablo finalizó su segundo viaje, extrañamente decidió subir a Jerusalén antes de volver a Antioquía (Hch 18:22).
Él escribió a los gálatas diciendo que era un "apóstol no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos" (Gá 1:1). Aunque sabía claramente esto, es probable que, por no haber sido constituido como apóstol en Jerusalén, no era aceptado por todos como apóstol. En aquella época, aparentemente ya existía la costumbre de que, si alguien quería involucrarse en la obra, debía ir a Jerusalén. No obstante Pablo dijo: "Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre, ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco" (vs. 15-17).
Esa era la visión original de Pablo, pero al final de su segundo viaje la Biblia registra, sin explicar el motivo, que él fue a Jerusalén y saludó a la iglesia allí. A diferencia de su primer viaje, cuando regresó, fue directo a Antioquía, pero en esta oportunidad se fue a Jerusalén.
Lucas no registró porqué, después de un viaje tan bendecido, donde fue guiado por el Espíritu Santo, Pablo quiso ir a Jerusalén. En sus escritos, Lucas normalmente describía con detalles, tanto en su evangelio como en el libro de los Hechos; por ejemplo, al relatar la ida de Pablo y Bernabé a Jerusalén, escribió de una manera minuciosa. Igualmente el voto que Pablo hizo en Jerusalén después de su tercer viaje, también fue registrado por Lucas con detalles. Pero en Hechos 18:22 no quiso detallar nada o el Espíritu no le permitió que escribiera sobre lo que había sucedido allí. Tampoco vemos registros específicos de que Silas lo haya acompañado en su paso por Jerusalén.
Así que, verificamos que algo sucedió, e incluso, algo influyó en la manera de actuar de Pablo en su tercer viaje.
Nuestra intención al mencionar este hecho es para que jamás nos desviemos de la comisión para la cual fuimos comisionados por el Señor, aun después de haber sido bendecidos por Él. Antes bien, dependamos del Señor para toda y cualquier obra que realicemos a fin de ser siervos buenos y fieles con quien el Señor puede contar siempre para realizar Su obra.
Punto clave: No perder el objetivo.
Pregunta: ¿Se ha desviado de la comisión que recibió del Señor después de ser bendecido por Él?
Lectura de apoyo:
"La visión celestial" – cap. 1 – Dong Yu Lan.
"Siervos de Dios – buenos, fieles y prudentes" – cap. 2 y 3 – Dong Yu Lan.

Pensamiento Mensual – Libertad

El concepto de libertad en la mente y la vida de muchos está distorsionado y lejos de lo que es realmente … Hay confusión entre libertad y libertinaje. Es por eso que ciertas personas piensan de una forma y viven de otra. Ser libre, según el diccionario,  significa, no estar sujeto a esclavitud alguna, estar exento de dependencia, estar en control de la voluntad para responder cada cual por sus acciones; es de lo que goza cada individuo en todo lo que no vaya contra el orden jurídico y moral, o sea, que está condicionada por leyes que tienden linderos, los cuales no deben traspasarse. Por el contrario, ser libertino es un término que se aplica a aquel que vive sin control, el que da rienda suelta a sus pasiones, el que vive una conducta desenfrenada sin guardar respeto a nadie; el que se manda a sí mismo para hacer con su vida lo que le plazca, sin tomar en cuenta qué es lo que más le conviene. Esto, conforme a las definiciones de un diccionario. Pero …

La verdadera libertad es aquella cuya definición se encuentra en el diccionario del cielo, la Biblia, dada por Dios a los hombres, para que gocen por siempre de los frutos que le siguen todos aquellos que la ponen en práctica. ¿Estás en la dispocisión de poner tu voluntad en las manos del Señor para que sea Él quien dirija tus pasos? ¿Cedes voluntariamente tu independencia para sujetarte a Aquél que sabe mejor que tú lo que te conviene? ¿Te atreves a someterte a las leyes establecidas por el Creador del universo, las cuales te garantizan la mayor seguridad y protección jamás ofrecidas por ley alguna?

  • Dejar de ser tu propio dueño y hacerte propiedad de Dios.

  • Poner tu libre albedrío a la dispocisión de Aquél que te anhela y te ama como nadie.

  • Salir de la esclavitud del pecado y vivir para el Señor.

  • Decirle adiós a las rejas de la cárcel espiritual y entrar a la libre comunidad de la familia de Dios.

  • Dejar de tomar tus propias malas decisiones y permitir que Dios … te dirija.

  • Salir de la mentira y vivir conforme a la Verdad.

  • Salir de las tinieblas y entrar a la Luz y … permanecer en ella.

  • Renovar tu entendimiento con la Palabra de Dios … pensar, hablar y vivir conforme a ella.

  • Cederte al Señor en cuerpo, alma y espíritu … VOLUNTARIAMENTE.

  • Darte por completo al que te dio la vida, sin reservas y sin condiciones  … No por temor, sino … POR AMOR.

"Libertados del pecado, venimos a ser siervos de la justicia.  Ahora que hemos sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tengamos por fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte, mas el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro." Romanos 6:18, 22-23

  • … Cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará. Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. 2 CORINTIOS 3:16-17
  • Guardaré tu ley siempre, para siempre y eternamente. Y andaré en libertad, porque busqué tus mandamientos. SALMO 119:44-45
  • Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace. SANTIAGO 1:25
  • "…Si vosotros permaneciéreis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres." JUAN 8:31-32
  • Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. LATAS 5:1

El compromiso de dios

La última noche que el Señor estuvo en la tierra, les dijo a Sus discípulos: “Todo lo que pidáis en Mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pedís en Mi nombre, Yo lo haré” (Jn. 14:13-14). Esto quiere decir que el Señor Jesús encomendó algo grande a Sus discípulos; les dio Su nombre. Su nombre es autoridad, y no hay otra cosa que El pueda dar que sea mas grande que ésta. Supongamos que después de que el Señor Jesús encomendó Su nombre en nuestras manos, lo usamos de manera irresponsable. ¿Qué pasaría? Una persona que ocupa una posición importante sólo necesita dar una orden y sellarla, y la orden es ejecutada. Si esta persona le da su sello a otra, será responsable del uso que ésta le dé al sello. ¿Cree usted que él pueda encomendar fácilmente su sello a cualquier persona? Por supuesto que no. Pero el Señor Jesús nos encomendó Su nombre a nosotros. El nombre del Señor es un nombre que es sobre todo nombre. El está dispuesto a encomendarnos Su nombre y a permitirnos usarlo. ¿Vemos la responsabilidad que conlleva el encomendarnos Su nombre? Dios confía en nosotros y nos encomienda el nombre del Señor Jesús. Dios se hará responsable de todo lo que hagamos en Su nombre. Hermanos y hermanas, ¡qué cosa tan tremenda es ésta! ¡Dios se hará responsable de todo lo que hagamos en el nombre del Señor Jesús!

Una característica de esta era es que el Señor Jesús no hace nada directamente. El no habla directamente en la tierra, ni realiza ningún milagro directamente, ni salva a los hombres directamente, sino que actúa por medio de la iglesia. Hoy el Señor efectúa Su obra mediante la iglesia y no directamente. Esta es la razón por la cual encomendó Su nombre a la iglesia. Pero qué gran responsabilidad tiene que llevar El. Es fácil aceptar responsabilidad por lo que uno hace directamente, ya que uno sólo asume la responsabilidad por los hechos propios y no por los de otros. Si usted tiene el sello en su mano, aceptará responsabilidad sólo por lo que usted mismo haga. Pero si su sello está en la mano de otro, tendrá que asumir la responsabilidad por lo que él haga con su sello. Si el Señor Jesús estuviera en el mundo hoy obrando de la misma manera que lo hizo antes, llevándolo a cabo todo El solo, no tendría que responsabilizarse de lo que nosotros hiciéramos. Pero hoy el Señor no lleva a cabo la obra solo, pues la encomendó a la iglesia. Todo lo que el Señor Jesús hace hoy, lo efectúa en la iglesia. Hoy la obra de la iglesia es la obra del Señor. Por lo tanto, El debe asumir la responsabilidad de todo lo que la iglesia hace con Su nombre. Al encomendar una tarea, tenemos que encontrar una persona confiable. Si alguien no es confiable, no se le puede encomendar algo. Pero hoy el Señor Jesús está obligado a encomendarse a la iglesia. Esta no es la era en que el Hijo de Dios aparece en la carne, sino la era cuando el Hijo de Dios aparece en el Espíritu y en la iglesia. Puesto que tal es el caso, El tiene que encomendarse a la iglesia. De no ser así, no podría hacer nada. El ascendió a los cielos y ahora está sentado a la diestra del Padre, esperando que Su enemigo sea puesto por estrado de Sus pies. Allí está como Sumo Sacerdote orando. Este es Su oficio. El ha encomendado Su obra en la tierra a la iglesia. Por consiguiente, la iglesia tiene la potestad de usar Su nombre hoy, el Señor asume la responsabilidad por el uso que la iglesia hace de Su nombre.

La iglesia no puede obtener una autoridad mayor en la tierra que la de actuar en el nombre del Señor Jesús. El Señor ha encomendado Su nombre a la iglesia. Esta es la mayor encomienda posible, puesto que este nombre es El mismo. Todo lo que usted hable en el nombre del Señor Jesús viene a ser lo que El mismo habla. Todo lo que usted pida en el nombre del Señor Jesús llega a ser lo que El pide. Lo que usted decida en el nombre del Señor Jesús se convierte en lo que El decide. La iglesia tiene la autoridad de hablar en el nombre del Señor. ¡Qué gran cosa le ha encomendado Dios a la iglesia!

En la Biblia vemos un ejemplo de lo que es actuar en el nombre del Señor. Cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo por el cuerpo de Moisés, no dijo: “Te reprendo”, sino “El Señor te reprenda”. Si usted expresa la idea de este modo, entonces se convierte en una oración o un deseo. El arcángel dijo: “El Señor te reprenda” (Jud. 9). Esto quiere decir que cuando él reprendía al diablo era como si el Señor lo reprendiera. El arcángel Miguel aplicó el nombre del Señor. Así que, estar en el nombre del Señor Jesús no significa necesariamente decir las palabras “en el nombre del Señor Jesús”. Hacer cosas en el nombre del Señor Jesús significa que usamos Su nombre de la misma manera que usamos nuestro propio nombre. Aquí tocamos un principio espiritual muy importante: podemos usar el nombre del Señor de la misma manera que usamos nuestro propio nombre. Muchas personas dicen que no han agotado el poder que hay en la sangre del Señor. Más bien yo diría que no hemos agotado el poder que hay en Su nombre. Pablo pudo decirles a los corintios: “No tengo mandamiento del Señor; mas doy mi parecer”. Más adelante, añade: “Pienso que también yo tengo el Espíritu de Dios” (1 Co. 7:25, 40). Necesitamos entender que podemos usar este nombre.

Hermanos y hermanas, ¿se dan cuenta de que hay un nombre, una potestad y un poder que han sido entregados en las manos de la iglesia? La iglesia los puede usar. La iglesia debe usar debidamente el nombre del Señor. Decimos que la iglesia reina, pero sin el nombre, no habría posibilidad de que la iglesia reinase. Decimos que la iglesia tiene las llaves del reino y que es responsable de traer el reino. Pero sin el nombre, la puerta del reino no podría abrirse. Decimos que la intención de Dios es que la iglesia ate la muerte mediante la vida y que ate a Satanás. Pero si no tuviéramos este nombre o no supiéramos usarlo, no nos sería posible realizar estas cosas. Tenemos que ver que el Señor Jesús le dio este nombre a la iglesia.

Por consiguiente, Dios manda que cuando un hombre cree en el Señor y es salvo, debe ser bautizado. ¿Qué es el bautismo? Es entrar en el nombre del Señor. Desde que fui bautizado, comencé a participar de este nombre, y desde ese día, Dios me encomendó este nombre. Puedo usar el nombre del Señor Jesús así como uso mi propio nombre. Es por esto que el bautismo es tan importante. Según la realidad espiritual, soy un hombre muerto y también un hombre resucitado. Puesto que estoy firme sobre la base de la muerte y la resurrección, puedo usar el nombre del Señor. A partir de entonces, estoy relacionado con Su nombre. El es Cristo, y nosotros somos cristianos. ¿Qué es un cristiano? ¿Qué es la iglesia? La iglesia es simplemente un grupo de personas en la tierra que pueden usar el nombre del Señor, y Dios asume la responsabilidad de sus acciones cada vez que hagan uso de ese nombre. Cuando usemos este nombre, Dios aceptará la responsabilidad por ello. Esto es maravilloso. Nuestra relación con el nombre del Señor comenzó cuando fuimos bautizados. Fuimos bautizados en el nombre. Es decir, mediante el bautismo entramos en el nombre.

Vemos, entonces, que la cruz y la resurrección son indispensables. Solamente al afirmarnos sobre la base del bautismo podemos usar el nombre del Señor. Si no estamos firmes en el bautismo, no podemos usar Su nombre, pues la cruz no tendrá una vía libre en nosotros, y el Señor Jesús no tendrá ningún efecto en nosotros. Aun si usamos Su nombre, Dios no asumirá la responsabilidad por ello. Necesitamos estar firme sobre la base del bautismo. Estar sobre la base del bautismo significa que creemos en la cruz y que el viejo hombre fue crucificado juntamente con Cristo; así aceptamos el principio de la cruz y recibimos la cruz como aquello que pone fin a nuestra vida natural. El bautismo indica que todo lo que tenemos debe pasar por la muerte diariamente. Sólo lo que queda después de pasar por la muerte tiene valor espiritual. Si algo llega a su fin al pasar por la muerte, no permanecerá delante de Dios. Dios acepta las cosas que permanecen después de pasar por la cruz, las que no son destruidas después de que pasan por la muerte.

Los hijos de Dios necesitan ver lo que es la cruz. Necesitamos que Dios nos revele lo que hemos recibido en Cristo. Vendrá el día cuando el Señor quebrantará la columna vertebral de nuestra vida natural. Sólo entonces seremos útiles. Tiene que llegar el día en que Dios pueda ver la marca de la cruz en nosotros. En muchas personas no se ve que la cruz haya hecho obra alguna. No se ve que haya hecho nada en su manera de hablar ni de actuar ni en sus sentimientos y tampoco en su actitud delante de Dios.

Tiene que llegar el día en que Dios quebrante y destruya a esa persona por la cruz. Sólo lo que permanece después de la cruz es resurrección. La resurrección es lo que la muerte no logra destruir, lo que no es aniquilado por la muerte. La resurrección es lo que permanece después de que una persona es herida por el Señor. Sólo quienes se afirman sobre esta base pueden ejercer la autoridad del Señor, y sólo ellos pueden usar el nombre del Señor. Dios asumirá responsabilidad por los que se apoyen en esta base, y El los respaldará cuando usen el nombre del Señor. Hermanos y hermanas, esto es lo más grande que se nos ha encomendado. Dios puede encomendarnos el nombre de Su Hijo y permitirnos usar este nombre como si fuera nuestro propio nombre. Este es un asunto grandioso. Dios tiene que asumir una responsabilidad tremenda en este asunto. Este asunto, ciertamente, no es insignificante.

Cuando actuamos en el nombre del Señor, ¿qué resultado trae este nombre? La Biblia muestra que se producen tres cosas cuando actuamos en el nombre del Señor. La primera se relaciona con el hombre, la segunda con el diablo, y la tercera con Dios.

Tomado de: “El ministerio de oración de la iglesia”
Aguas refrescantes 31 de agosto

Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección. Hebreos 6: 1.

En la vida cristiana hay algunas verdades que son funda¬mentales. Un fundamento sólo se debe colocar una vez, pero debe hacerse con firmeza. En consecuencia, los prin-cipios fundamentales son muy importantes.

Existe un error moderno entre los creyentes que es bas¬tante distinto del error en que incurrieron los hebreos del siglo primero. Ellos, habiendo colocado el cimiento, estaban girando constantemente alrededor del fundamento sin avanzar para nada. Nuestro peligro es más bien el de querer avanzar sin haber echado el buen cimiento. Hoy día muchos quieren moverse demasiado rápido, avanzar velozmente antes de que el fundamento esté bien consoli¬dado. En tales casos nuestro deber es señalarles a Cristo quien es la "piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable" (Is. 28:16). Los apóstoles tenían que persuadir a los creyentes a avanzar mientras que nosotros quizás tengamos que inducirles a que regresen al fundamento.

Watchman Nee

Jesús es el Señor! – Jesus is Lord – Jesus ist der Herr – Yeshua adonai – Gesù è il Signore – Jésus est Seigneur – Ιησους ειναι ο Λορδος – Иисус – Господь – يسوع هو الرب – 耶稣是主 – 主イエスは – Jesus é o Senhor – Jesus är lorden
Literatura disponible en:
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El juez de los abrazos

Lee Shapiro es un juez retirado y también una de las personas más auténticamente amables y cariñosas que conocemos.

En un momento de su carrera, Lee se dio cuenta de que el Amor es el poder más grande que hay. Como resultado de ese descubrimiento se convirtió a la religión del Abrazo: empezó a dar abrazos a todo el mundo. Sus colegas comenzaron a llamarlo "El juez de los Abrazos". En el parachoques de su automóvil se lee: "No me fastidies… abrázame".

Hace más o menos seis años, Lee inventó lo que él llamaba su Equipo de Abrazar. Por fuera dice: "Un corazón por un abrazo" y contiene treinta corazoncitos rojos bordados con un adhesivo al dorso.

Lee saca su equipo de abrazar, se acerca a la gente y le ofrece un corazoncito rojo a cambio de un abrazo. Gracias a esa práctica ha llegado a ser tan conocido que con frecuencia le invitan a conferencias y convenciones donde puede compartir su mensaje de Amor Incondicional.

En una conferencia que se realizo en San Francisco, los medios de comunicación locales le plantearon el siguiente reto: es fácil dar abrazos en esta conferencia dirigida a personas que han venido aquí porque han querido, pero eso sería imposible en el mundo real. Y lo desafiaron a que empezara a dar abrazos por las calles de San Francisco, seguido por un equipo de televisión de la emisora local.

Lee salió a la calle y abordó a una mujer que pasaba.

-Hola, soy Lee Shapiro, el juez de los Abrazos y doy un corazón de estos a cambio de un abrazo – explicó.

-Como no – fue la respuesta.

Demasiado fácil objetó el comentarista local. Lee miró a su alrededor y vio a una muchacha encargada de un parquímetro que lo estaban usando mal a causa del propietario de un automóvil a quien estaba multando.

Lee se encaminó hacia ella, con el cámara a su lado y le dijo:

-Me parece que a ti te vendría bien un abrazo. Soy el Juez de los Abrazos y me ofrezco a darte uno.

Ella aceptó.

-Mire ahí viene un autobús – lo desafió el comentarista de televisión- Los conductores de autobús de San Francisco son la gente más dura, descortés y mezquina que hay en la ciudad. Vamos a ver si consigue usted que lo abracen. Lee aceptó el reto.

Cuando el autobús llego a la parada, dijo al conductor:

-Hola, soy Lee Shapiro, el Juez de los Abrazos. El suyo debe ser uno de los trabajos más agotadores del mundo. Hoy ando ofreciendo abrazos a la gente para aliviarles un poco la carga.¿Le apetece uno?

El hombrón de un metro ochenta y cuatro y más de noventa kilos de peso se levantó del asiento, bajó y le dijo:

-¿Por qué no?

Lee lo abrazó, le dio un corazón y lo saludó con la mano mientras el autobús volvía a arrancar.

Los del equipo de televisión estaban mudos. Finalmente, el presentador dijo:

-Tengo que admitir que estoy muy impresionado.

Un día, Nancy Johnston, una amiga de Lee, llamo a su puerta. Nancy es payaso de profesión e iba vestida con su disfraz de trabajo, maquillada y con nariz postiza.

-Lee, toma un montón de tus equipos de abrazar y vamos al Hogar de Incapacitados.

Tan pronto como llegaron, comenzaron a repartir globos, sombreros de carnaval, corazones y abrazos entre los pacientes.

Lee se sentía incomodo: nunca había abrazado a nadie que tuviera una enfermedad terminal, que padeciera graves disfunciones físicas o mentales. Decididamente, aquello era excesivo para dos personas. Pero pasado un rato las cosas se volvieron más fáciles, ya que se fue formando un cortejo de médicos, enfermeras y ayudantes que los seguían de un pabellón a otro.

Pasadas varias horas, llegaron al último pabellón donde se alojaban los 34 casos más graves que Lee había visto en su vida. La sensación fue tan horrible que lo descorazono; pero, dado su compromiso de compartir su amor para conseguir un cambio, Nancy y Lee empezaron a abrirse paso por las habitaciones, seguidos por el séquito de médicos y enfermeras, que por aquél entonces ya llevaban corazones colgados al cuello y lucían sombreros de carnaval.

Finalmente, Lee llegó a la última persona, Leonard, que llevaba un gran babero blanco sobre el cual babeaba incesantemente. Lee miró a Leonard, que no dejaba de babear, y después se volvió a Nancy diciéndole:

-Vayámonos, Nancy, a una persona así es imposible llegar.

-Vamos, Lee-respondió ella – Es un ser humano como nosotros, ¿o no?. Y le puso un sombrero de mil colores en la cabeza.

Lee sacó uno de sus corazoncitos rojos y lo pegó en el babero de Leonard. después, tras hacer una inspiración profunda, se inclinó a abrazarlo.

Súbitamente, Leonard empezó a emitir un chillido. Otros pacientes empezaron a golpear cacharros.

Lee se volvió hacia el personal de la sala, en busca de alguna explicación, y se encontró con que todos los presentes, médicos, enfermeras y auxiliares, estaban llorando.

-¿Que es lo que pasa? – preguntó a la jefa de enfermeras.

Lee jamás olvidará su respuesta:

-En veintitrés años, es la primera vez que hemos visto sonreír a Leonard.

Así de sencillo es cambiar en algo la vida de la gente.

Anonimo

Tres cosas que se piden para uno mismo

TRES COSAS QUE SE PIDEN PARA UNO MISMO
La segunda sección se relaciona con tres cosas que uno pide para sí mismo.
La primera cosa: “el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”
Cuando algunos leen esto, no pueden entender por qué el Señor repentinamente cambia de tema y pasa del nombre, el reino y la voluntad de Dios al tema de nuestro pan de cada día. ¿No parece esto un paso hacia atrás, volverse de una oración tan elevada a asuntos tan triviales? Hermanos y hermanas, hay una razón para ello. Cuando un verdadero hombre de Dios ora continuamente por el nombre, el reino y la voluntad de Dios, el Señor se ocupa de las necesidades de ese hombre. Si la oración es importante, el que ora seguramente provocará el ataque de Satanás. Por tanto, el pan es algo por lo que tenemos que orar. El pan es la provisión inmediata del hombre y constituye una gran tentación. Cuando un hombre cae en una situación en la cual conseguir el pan cotidiano se convierte en un problema, se hallará en una gran prueba. Por una parte, oramos que el nombre de Dios sea santificado, que venga Su reino y que Su voluntad se haga en la tierra; por otra, como seres humanos, aún vivimos en la tierra y necesitamos el pan de cada día. Satanás sabe esto. Por consiguiente, es menester que oremos pidiendo protección. Esta es la oración de un cristiano por su propia provisión; necesita pedir la protección del Señor. De no ser así, tal vez al mismo tiempo que hace una oración elevada, sea atacado. Satanás puede atacar. Cuando no tenemos suficiente pan, somos atacados, y nuestra oración es afectada. Necesitamos ver la necesidad de esta oración. Todavía somos seres humanos, vivimos en la tierra y nuestro cuerpo necesita pan. Por tanto, tenemos que pedirle a Dios que nos lo dé.
Esta oración también nos muestra que necesitamos acudir a Dios y orar a El diariamente. El Señor nos enseña a orar: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. No oramos semanalmente, sino diariamente. No tenemos en qué apoyarnos en la tierra, y tampoco tenemos ahorros. En cierto sentido, no podemos orar por el pan semanal ni mensual; tenemos que orar por el pan de hoy. ¡Cuánta confianza en Dios se requiere en tal circunstancia! El Señor no desconoce nuestras necesidades diarias; El no nos dice que nos olvidemos de ellas, sino que oremos diariamente. En realidad, el Padre ya sabe qué necesitamos. El Señor quiere que le pidamos a Dios por nuestro pan cada día porque quiere que aprendamos a acudir al Padre día a día y que ejerzamos nuestra fe día a día. Frecuentemente extendemos demasiado nuestras preocupaciones hacia el futuro y alargamos nuestra oración del mismo modo. Hermanos y hermanas, si tenemos un deseo firme de entregarnos a Su nombre, Su reino y Su voluntad, sufriremos grandes penalidades. Pero si Dios nos da nuestro pan de cada día, no tendremos que orar por el pan de mañana sino cuando llegue el día de mañana. No se preocupen por el mañana; basta a cada día su propio mal (Mt. 6:31-34).

La segunda cosa: “perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”
Por un lado, pedimos por nuestra provisión material; por otro, pedimos por una buena conciencia. Día tras día ofendemos a Dios. Es posible que en muchas cosas no pequemos, pero incurrimos en deudas. El no hacer lo que debemos hacer es incurrir en una deuda. El no decir lo que debemos decir también nos hace deudores. No nos es fácil mantener una buena conciencia delante de Dios. Cada noche al acostarnos, nos damos cuenta de que hemos cometido muchas ofensas contra Dios. Tal vez no sean pecados, pero todas son deudas. Tenemos que pedirle a Dios que nos perdone nuestras deudas para poder tener una buena conciencia. Esto es muy importante. Ser perdonados de nuestras deudas equivale a ser perdonados de nuestros pecados; necesitamos este perdón para poder tener una buena conciencia y vivir delante de Dios con franqueza. Muchos hermanos y hermanas tienen la experiencia de que tan pronto haya una grieta en su conciencia, su fe desaparece. No debemos permitir que haya grietas en nuestra conciencia. En cuanto a la fe y a tener una buena conciencia, Pablo dijo: “Desechando las cuales naufragaron en cuanto a la fe algunos” (1 Ti. 1:19). La conciencia es como un barco; no puede darse el lujo de tener agujeros. Una vez que la conciencia tiene un agujero, la fe se escapa. La conciencia no puede tener deuda alguna; ni acumular ofensas. Una vez que tiene alguna ofensa, tendrá un agujero, y lo primero que se escapará será nuestra fe. Si la conciencia tiene un agujero, uno no puede creer aunque lo intente. Una vez que la acusación aparece en la conciencia, la fe escapa. Por tanto, a fin de mantener una buena conciencia, tenemos que pedirle a Dios que perdone nuestras deudas. Este es un asunto crucial. El perdón de nuestras deudas no tiene nada que ver con el hecho de recibir la vida eterna, pero sí tiene que ver con nuestra comunión con Dios y con Su disciplina.
Tenemos que pedirle a Dios que perdone nuestras deudas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Si una persona se porta mal con usted, y usted no le perdona las ofensas, no puede pedirle a Dios que perdone sus propias deudas. Una persona con una mente estrecha, que siempre se fija en cómo otros lo han ofendido, herido o maltratado, no puede ofrecer esta oración ante Dios. Necesita un corazón perdonador antes de poder pedirle al Padre con denuedo: “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Uno no puede pedirle a Dios que perdone sus deudas si no ha perdonado a quienes le deben a uno. Si no hemos perdonado a nuestros deudores, ¿cómo podemos atrevernos a pedirle a Dios que perdone nuestras deudas? Si no hemos recibido algo que se nos debe, y guardamos rencor en nuestro corazón, recordando las ofensas que otros nos han hecho, ¿como podemos hacer este tipo de oración al Padre? Así como nuestras ofensas necesitan ser perdonadas delante de Dios, nosotros también tenemos que perdonar las ofensas que otros nos hacen. Nosotros tenemos que perdonar primero las deudas de otros antes de poder pedirle al Padre con confianza: “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”.
Necesitamos prestar atención al hecho de que la Biblia no sólo nos habla de nuestra relación con el Padre, sino también de nuestra relación con los demás. Si un hermano está consciente solamente de su relación con Dios y se olvida de su relación con otros hermanos y hermanas, pensando que no hay nada mal entre él y Dios, se engaña a sí mismo. Hermanos y hermanas, nunca pasen por alto su relación con los demás. Si hay una barrera entre usted y otro hermano o hermana, inmediatamente pierde la bendición de Dios. Si hay algo que debe hacer por un hermano o hermana o decirle a un hermano o hermana y no lo ha hecho, tal vez en esto no haya pecado, pero ha incurrido en una deuda. No piense que todo está bien sólo porque usted cree que no ha pecado. También es necesario estar libre de deudas. Al mismo tiempo, si un hermano o hermana le debe algo y usted no lo olvida, entonces usted no perdona las deudas de ellos. Esto también le impedirá ser perdonado por Dios. Dios lo tratará a usted de la misma manera que usted trate a los demás. Si usted no olvida la deuda de ellos y continúa recordándola y quejándose, está muy engañado si cree que Dios le ha perdonado sus deudas. El Señor nos enseña claramente a orar: “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Necesitamos prestar atención a las palabras “como también nosotros perdonamos”. Si no existieran estas palabras “nosotros perdonamos” sería imposible usar la palabra “como”. Si nosotros no hemos perdonado a nuestros deudores, nuestras deudas serán recordadas delante de Dios. Si hemos quitado de nuestro corazón las deudas de ellos y ya no queda nada, podemos acercarnos con denuedo delante de Dios y decirle: “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Dios entonces tendrá que perdonarnos. Tenemos que perdonar incondicionalmente a nuestros deudores, pues esto influye en que seamos perdonados por Dios.

La tercera cosa: “no nos metas en tentación, mas líbranos del maligno”
La primera parte habla de nuestras necesidades materiales, y la segunda, de nuestra relación con los hermanos y hermanas. Esta tercera parte habla de nuestra posición frente a Satanás. “No nos metas en tentación” es una petición negativa. “Mas líbranos del maligno” es positiva. Por un lado, cuando vivimos para Dios en la tierra y tenemos un fuerte deseo de dedicarnos a Su nombre, Su reino y Su voluntad, nos encontramos con necesidades materiales y, por ende, debemos pedir por nuestro pan de cada día. Por otro lado, nuestra conciencia necesita estar limpia y libre de ofensa delante de Dios; para esto necesitamos que Dios perdone nuestras deudas. Pero hay otra cosa. También necesitamos paz; para esto necesitamos pedirle a Dios que nos libre de la mano de Satanás. Hermanos y hermanas, cuanto más tomemos el camino del reino de los cielos, más grandes serán las tentaciones. ¿Qué debemos hacer entonces? Podemos orar y pedirle a Dios que “no nos meta en tentación”. Hermanos y hermanas, no podemos tener tanta confianza en nosotros mismos, pensando que podemos hacerle frente a alguna tentación. Puesto que el Señor nos ha pedido que oremos, debemos orar pidiendo a Dios que no nos meta en tentación. Nosotros no sabemos cuándo vendrá la tentación. Así que debemos orar de antemano para que no caigamos en tentación. Esta oración es para nuestra protección. No es que estemos esperando cada día que venga la tentación, sino que oramos cada día para que no venga. Debemos pedir que solamente confrontemos aquello que el Señor permita venir sobre nosotros y no alguna otra cosa que el Señor no quiera que venga sobre nosotros. Si no oramos de esta manera, no seremos capaces de resistir la tentación ni siquiera por un momento. Tenemos que pedirle al Señor que no nos meta en tentación, que no permita que nos enfrentemos a nadie y que no se nos atraviese nada que no deba. Esta es una oración de protección. Tenemos que orar para que Dios nos proteja, para que nuestro pan de cada día sea provisto, para que nuestra conciencia esté limpia y para que no tengamos que enfrentar las tentaciones. Debemos pedirle al Señor en toda circunstancia que no nos meta en tentación. Debemos orar que no confrontemos nada que el Señor no haya permitido. Diariamente, tenemos que pedirle a Dios que nos guarde de la tentación.
No sólo tenemos que pedirle a Dios que no nos meta en tentación, sino también que nos “libre del maligno”. Esta oración es positiva. No importa donde ponga Satanás su mano, tenemos que pedirle al Señor que nos libre del maligno. En cuanto al pan de cada día, en cuanto a la condenación de nuestra conciencia y en cualquier tentación, tenemos que pedirle al Señor que nos libre del maligno. En otras palabras, le pedimos que no caigamos en la mano del maligno. Al leer Mateo 8 y 9, encontramos que las manos de Satanás están puestas en más cosas de las que uno espera o se da cuenta. Están ocultas en la fiebre que viene de repente sobre el cuerpo de una persona (8:14) y en la tormenta que se levanta de repente en el mar (8:24). Ellas hacen que los demonios operen en los hombres y ahoguen los cerdos (8:28-32). Ellas obran en el interior del corazón del hombre haciendo que rechace al Señor y se oponga a El sin haber razón alguna (9:3, 11). En síntesis, Satanás está activo causando daño al hombre e infligiéndole sufrimiento. Por tanto, tenemos que pedir ser librados del maligno.
Los tres deseos acerca de Dios son oraciones básicas, y las tres peticiones por nosotros mismos son oraciones de protección. No le pedimos al Señor por nuestro pan de cada día sólo porque deseemos comer. No le pedimos que nuestra conciencia esté sin ofensa sólo por tener una buena conciencia. No le pedimos al Señor que nos libre del maligno sólo porque queramos ser librados del maligno. Oramos por todas estas cosas a fin de vivir más tiempo en la tierra para poder desempeñar la obra de oración a fin de que el nombre del Padre sea santificado, Su reino venga y Su voluntad sea hecha en la tierra como en el cielo.
Tomado de: “El Ministerio de oración de la iglesia” Watchman Nee
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Aguas refrescantes 28 de agosto
“La paz os dejo, mi paz os doy”. Juan 14:27.
Dios tiene en sí mismo una paz imperturbable. Pablo nos dice que esa paz de Dios es la que guarda, como un centinela, nuestros corazones y nuestros entendimientos. El verbo "guardar" allí significa que el enemigo tiene que luchar con la guardia armada antes de que pueda atacar¬me a mí. Antes de que yo sea tocado tendrá que ser ven¬cida la guardia. Puedo entonces atreverme a disfrutar tanta paz como Dios, pues la misma paz que guarda a Dios me guarda a mí.
Recordemos la noche anterior a la pasión del Señor. Todo parecía salir mal. Un amigo salió a la oscuridad de la noche para traicionarle. Otro sacó su espada y la em¬pleó con ira. Otros huían o se escondían para no aparecer complicados con El. En medio de todo esto Jesús les dijo a los que venían para arrestarlo: "Yo soy", y lo dijo en forma tan pacífica que en lugar de estar nervioso, fueron ellos los que temblaron y cayeron de espaldas. No nos sorpren¬da, entonces, que Pablo describa a esta paz como algo que sobrepasa todo entendimiento.
Watchman Nee
Jesús es el Señor! – Jesus is Lord – Jesus ist der Herr – Yeshua adonai – Gesù è il Signore – Jésus est Seigneur – Ιησους ειναι ο Λορδος – Иисус – Господь – يسوع هو الرب – 耶稣是主 – 主イエスは – Jesus é o Senhor – Jesus är lorden
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corpocri@yahoo.com
laiglesiaenarmenia@yahoo.com

TENGO FE, EN…..

Que yo no me venderé nunca
En que mi palabra será siempre una garantía
En que mi carácter estará siempre sobre la riqueza.

En que tendré opiniones y voluntad, que serán
Mas grandes que mis vocaciones.
En que no titubearé en correr los riesgos,
En que no perderé mi individualidad
En medio de la multitud.

En que seré honrado en las cosas insignificantes
Como en las importantes.
En que no transigiré en lo malo,
En que mis ambiciones no se limitarán
A deseos egoístas.

En que nunca voy a decir que lo haré
Porque otros lo hacen
En que seré fiel a mis amigos
En los buenos informes y en los malos
En la adversidad y en la prosperidad

En que no creeré que las astucia,
La sagacidad y la terquedad son las mejores
Cualidades para alcanzar el éxito.

En que no tendré vergüenza ni miedo
De defender la verdad, cuando esta sea impopular.
En que podré decir “No” con énfasis
Aunque el resto del mundo diga “Si”.

Tengo fe en que tu, Señor,
me le darás…

Francisco A. Barreto